Nuno Júdice su “Vallejo & Co.

Schermata 2015-06-11 alle 19.03.00

Pues estaba sentado al final de la escalera, leyendo, de vez en cuando mirando a la calle, no obstante el contraste entre la oscuridad del interior y la luz del exterior me impidiera retomar enseguida mi lectura. Fue quizás en ese intervalo, en que fui obligado a readaptarme al interior de la casa, que la poesía apareció dentro de mi espíritu: algo que se pareció, en todo caso, tuve que ocupar estos instantes de vacuidad, y me empujó, un día, bien más allá de mi adolescencia, a escribir versos en un movimiento que me fue de algún modo dificil comprender[1].

Es a través de esta rememoración de un recuerdo de su infancia que Nuno Júdice, en el prefacio a la edición francesa de sus poemas, nos cuenta cómo su primer encuentro con la poesía ocurrió en la frontera entre “más mundos”, y como aquella tarde comprendió que hizo falta encontrar el modo de poner en contacto recíproco estas realidades contiguas y complementarias. Leyendo la Eneide, que había pedido como regalo de Navidad, sentado en la intersección entre la oscuridad y la luz, aquel niño, que con ocho años ya empezaría a escribir sus primeros poemas, aprendió a aguzar la mirada para escudriñar dentro de lo desconocido, sin preocuparse del hecho que la luz lo cegara cuando la mirada volvía a casa, al mundo conocido. Cuando lo leí recordé cuando niña, sola en la oscuridad, en la casa romana de mi abuela materna, escudriñaba los perfiles de los objetos que se dibujaban en la tiniebla, inventándome formas para atribuir una identidad conocida a las sombras confusas que se desprendían en la opacidad que envolvía la habitación, para controlar mi miedo. “A medida que crecemos, y que aprendemos a dominar este miedo, nos alejamos necessariamente del territorio mágico donde la mayoría de las cosas no tiene explicación en este mundo”, escribe Nuno Júdice en el ensayo El lenguaje poético. continua